Pichi tac-tac
Mayra Pinto
Mayra Pinto
Trrr-trrr-trrr, tamborileaba desde el amanecer en la vasta Montaña de Puca una diminuta pero singular pajarita carpintera blanco y negro. Sí, blanco y negro como una fotografía antigua, ¡y así de arcaica y conservadora era su filosofía de vida!
La carpintera “Pichi”, conocía muy bien su entorno y aunque su lengua no era tan larga y pegajosa como la de todos los carpinteros, utilizaba la percusión de su pico, la resonancia provocada y su afinado oído, para localizar los insectos bajo la corteza de los árboles y alimentarse.
Guardaba especial precaución al momento de hacer alguna cavidad en cada árbol. Golpeteaba tac-tac, trrr-trrr-trrr, tac-tac como esperando respuesta, analizando si ya estaba muerto para proceder a lo que más le apasionaba: esculpir cavidades en troncos secos de pino, sin saber si llegaría a convertirse en un nido propio, o alguna otra especie como quetzales, búhos o loros lo aprovecharían. Aunque había uno en particular, un cedro, al que ella siempre volvía y mostraba una peculiar dedicación.
En la escuela de aves conoció a un frailecillo que nadie se explicaba ¡de dónde había salido! Los rumores decían que a su madre un huracán la había alejado desde las costas del Atlántico norte, algo que hacía comprender su escasa adaptación por más que se esforzaba.
El frailecillo también blanco y negro, se paseaba frente a Pichi de forma erguida, exhibía su pico colorido y llamativo girando la cabeza de un lado a otro, y en ocasiones le ofrecía peces que recolectaba de Las Maromas en Río Grande. De vez en cuando, él intentaba chocar sus picos y ella volaba asustada, aunque siempre regresaba.
Un día, ella forrajeando, sin darse cuenta, fue a parar a Celaque, y a los pocos días que regresó, su amigo el frailecillo había migrado a Europa. Allí conoció y aprendió de nuevos ecosistemas, y ¡hasta copépodos comía ahora!
Meses después…
—Arrr, arrr.
Apareció el frailecillo en la montaña de Puca, observando a Pichi desde lo alto de un liquidámbar y le mostró un nuevo cortejo que aprendió de los krabbentaucher, a lo que ahora ella prestaba atención. La distancia había cambiado cosas en ellos, aunque no sabían qué.
Todo este tiempo, Pichi secretamente estuvo entrenando e imitando los cantos que en Europa se podría encontrar. También comenzó a esculpir con su pico en hielo.
Ahora que el frailecillo había regresado, ella con más entusiasmo, volaba cerca de él, y cuando se acercaba la primavera en Europa, era el momento decisivo, miró al horizonte, contemplando las nubes moverse a causa del viento, se imaginó avanzando con su frailecillo, lo pensó y pensó, cerró los ojos, respiró profundo y emprendieron juntos el vuelo. Pero a los pocos kilómetros, notó que el frailecillo volaba más rápido, y ella no podía cogerle el ritmo porque su vuelo es ondulante e intermitente, hasta que llegó un punto en que él avanzó y no volvió su mirada atrás.
La pajarita regresó y deambuló durante algunas semanas, mirando cada atardecer, y cada amanecer de aquel duro verano. Hasta que un día decidió continuar tallando aquel cedro que llevaba siete años trabajando.
—Tac-tac, tac-tac, tac-tac…
Ahora, extrañamente el árbol se tambaleaba.
A las pocas semanas se dio cuenta de que al pie del cedro, un carpintero blanco y negro con la parte posterior de la cabeza roja, había estado picoteando todo el contorno de la base, consiguiendo un día, derribarlo por completo.
¡No comprendía! Su instinto la hizo volar para no caer junto al tronco en el suelo.
—¡Hijos de Puca! —expresó mientras se mantuvo aleteando, sin querer posarse en ninguna rama cercana; ahora sentía que desconocía su entorno, así que decididamente voló y voló, sin buscar explicación, sin esperar un refugio.
De manera inconsciente pronto se encontraba picoteando el mástil de una embarcación rumbo al viejo continente.
—Tac-tac, tac-tac…
El cuento anterior está inspirado en una especie de ave migratoria llamada Frailecillo Atlántico (Fratercula arctica) considerada como «vulnerable en la Lista Roja de la UICN, el cuál es un indicador crítico de la salud de la biodiversidad mundial.
El personaje principal es el Carpintero Blanco y Negro (Leuconotopicus villosus).
El nombre “Pichi” es derivado del latín Picidae (que se pronuncia “Píchide”) y es el nombre de la familia de aves a la que pertenecen los pájaros carpinteros.
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